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Baterías: ¿por qué Argentina aún no fabrica con su propio litio?

Baterías: ¿por qué Argentina aún no fabrica con su propio litio?

Argentina se posiciona como el segundo mayor productor de litio de América Latina, con una proyección de más de 260.000 toneladas para 2025 si entran en operación los proyectos en carpeta.

Sin embargo, a pesar de contar con la materia prima, el país todavía no logra avanzar en un objetivo largamente prometido: fabricar baterías de ion litio en suelo nacional. ¿Por qué?

La respuesta no es sencilla y tiene múltiples aristas. A diferencia de lo que sugiere cierto discurso político, el camino que lleva desde el salar a una batería eléctrica es largo, costoso y complejo. Involucra no solo litio, sino también infraestructura industrial, tecnología, financiamiento, demanda interna y acceso a otros insumos clave que hoy el país no produce.

El litio no lo es todo: qué más se necesita para fabricar una batería

Uno de los malentendidos más frecuentes en torno a la industrialización del litio es suponer que con tener el recurso mineral ya se puede producir una batería. Pero la realidad es mucho más compleja. Si bien el litio es clave —en promedio, una batería de 100 kWh requiere entre 14 y 16 kg de litio—, también se necesitan otros metales y componentes químicos que hoy no se producen ni se procesan en Argentina.

Entre los materiales críticos se encuentran el níquel, cobalto, manganeso, grafito y cobre, además de separadores, electrolitos, ánodos y cátodos que requieren desarrollos tecnológicos específicos y cadenas de suministro consolidadas. Fabricar baterías no es solo una cuestión de tener litio, sino de contar con un ecosistema industrial amplio, sofisticado y articulado. China, por ejemplo, controla más del 70% del procesamiento mundial de materiales activos para baterías, y también domina la producción de componentes clave.

En este contexto, Argentina aún se encuentra muy lejos de integrar verticalmente toda la cadena. Como explicó recientemente un especialista en tecnología de materiales, “una tonelada de litio no equivale a una tonelada de baterías: se necesitan muchos otros elementos y capacidades que hoy no tenemos”.

Demanda interna: la otra gran traba

Otro obstáculo central es la baja demanda local. Las fábricas de baterías requieren una escala mínima de producción para ser viables económicamente, y eso sólo se logra si hay un mercado importante que las consuma. En países como China, Estados Unidos o la Unión Europea, la electromovilidad y el almacenamiento energético son sectores con políticas de estímulo y volúmenes altos que justifican la inversión.

En cambio, en Argentina el parque automotor eléctrico sigue siendo marginal: en 2024 apenas se patentaron 8.000 vehículos híbridos y eléctricos, y los proyectos de buses eléctricos o movilidad pública con batería están en fase piloto. Sin una política clara de electrificación del transporte, difícilmente se genere una demanda que justifique montar una gigafactoría o una planta de celdas.

¿Qué hacen otros países con litio?

En la región, otros países también enfrentan desafíos similares. Bolivia, con enormes reservas en el salar de Uyuni, lleva más de una década intentando industrializar el litio sin resultados significativos. Su proyecto estrella —la planta piloto de baterías de YLB— produce en volúmenes mínimos y sin competitividad internacional. México, por su parte, nacionalizó el recurso bajo una empresa estatal (LitioMX), pero todavía no tiene producción concreta y mucho menos infraestructura downstream.

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Chile, que lideró por años la producción regional, apostó a desarrollar cátodos y materiales intermedios, pero incluso con una industria más desarrollada aún no ha instalado fábricas de baterías en gran escala.

En todos los casos, el factor común es la falta de ecosistema: sin integración con la industria automotriz, sin políticas de electromovilidad y sin acceso a tecnología, el sueño de fabricar baterías en el país se vuelve una utopía.

¿Qué se está haciendo en Argentina?

Existen algunos esfuerzos incipientes. El más avanzado es el Centro de Excelencia en Baterías de Litio (CEBLi) de Y-TEC, en La Plata, donde se fabrican celdas tipo pouch en escala laboratorio para investigación y prototipos. También hay experiencias piloto en Jujuy, como la planta de JEMSE junto al CONICET, y se estudia una posible integración entre proyectos mineros y centros tecnológicos.

Sin embargo, ninguno de estos proyectos tiene hoy capacidad de escalar a nivel industrial, ni está vinculado a cadenas productivas concretas como la automotriz o la de energías renovables. La fragmentación institucional, la falta de una política de Estado y la ausencia de incentivos a la demanda siguen siendo barreras estructurales.

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