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La propuesta más extrema de Biden: convertir a Estados Unidos a una economía “100% verde”

La propuesta más extrema de Biden: convertir a Estados Unidos a una economía “100% verde”

Joe Biden duerme durante un discurso

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Joe Biden comenzó la campaña electoral como el candidato moderado del Partido Demócrata pero, a 3 meses de las elecciones, su agenda ha quedado atada a la extrema izquierda, en especial en sus políticas pertinentes al cambio climático.

Se acerca cada vez más la fecha electoral en Estados Unidos, que promete ser una de las contiendas más importantes de la última década: ¿podrá el populismo de derecha liberal consolidar sus éxitos económicos y políticos aún en plena pandemia, o la radicalización del Partido Demócrata será la nueva contra-revolución?

En cuánto al mercado energético, hay altísimas expectativas de una reelección de Donald Trump, y esto no tiene nada que ver con simpatizar por el actual presidente, pero mucho que ver con que Joe Biden, el candidato demócrata, se ha convertido en un un acérrimo defensor de políticas extremas del cuidado del medio ambiente e incluso ha adherido recientemente al documento llamado “Green New Deal“, que busca reformar la economía estadounidense desde cero para hacerla “100% verde.

Desde que fue elegido Biden para ser el contrincante contra Trump en noviembre, sus declaraciones (si en el mejor de los casos se llegaban a entender) no fueron más que nafta al fuego de la crisis económica de Estados Unidos. Biden propone en sí terminar con varias de las políticas de Trump que han permitido el boom de empleos, la independencia energética y la supremacía petrolera.

De ocurrir un traspaso de la presidencia, se notaría instantáneamente el enfoque del renovado Partido Demócrata, que básicamente quiere terminar con la actual matriz energética del país y fomentar energías renovables libres de carbón, sin importar la pérdida de empleos y la dependencia de países árabes que esto generaría.

El sector energético emplea a casi 7 millones de estadounidenses, y los impuestos a la emisión de carbón y a la extracción de petróleo generaría, además de un ridículo aumento del costo de la energía, la pérdida de cientos de miles de empleos en todo el país.

La extracción offshore se vería gigantescamente afectada, muchísimo más que la onshore, por sus altos costos de operación. Esto llevaría a la quiebra a muchas de estas inversiones, y el petróleo debería volver a comprarse a Arabia Saudita, Rusia o Irán, otorgándoles un enorme poder de negociación sobre el país.Trump, desregulando y quitándole impuestos al fracking, impulsó desde 2017 una verdadera revolución energética que permitió que Estados Unidos en 2018 y 2019 se auto-abastezca de su propio petróleo, por primera vez en casi 4 décadas.

El mega proyecto petrolero entre Estados Unidos y Canadá, el Keystone XL, también se vería gravemente afectado por las políticas de Biden, a pesar de que el candidato demócrata todavía no expresó ni una palabra sobre el tema.

El sistema de tubos para el transporte de petróleo rápido y barato entre los dos países había sido iniciado por Obama en 2010 pero, irónicamente, regulaciones que el mismo presidente demócrata tomó trabaron su construcción en 2015, dejando sin empleo a casi 200.000 trabajadores del sector.

A tan solo 14 días de asumir la presidencia, Trump destrabó la situación y se reanudó la construcción del Keystone XL. Una victoria de Joe Biden, con sus regulaciones y burocracia, implicaría el fin de este mega-proyecto definitivamente.

Durante las elecciones primarias, Joe Biden era el candidato más moderado entre todos los contendientes. Se cree que justamente por ser el menos izquierdista es que logró vencer a Barnie Sanders, el senador comunista que parecía que iba a ser la nueva cara del Partido Demócrata.

Sin embargo, desde que obtuvo la nominación, el equipo de Biden comenzó a consensuar su agenda con el equipo de Bernie Sanders, sumando a personajes alarmantes como la comunista Karen Bass o la socialista Elizabeth Warren.

A las pocas semanas de vencer a Sanders, Biden dijo en un discurso que “no hay desafío más grande para Estados Unidos y el mundo que terminar con el cambio climático“, y adhirió su firma al proyecto de Revolución de Energía Limpia en Estados Unidos, con el objetivo de “liderar el mundo para abordar la problemática del cambio climáticoEste plan, en el cual si entramos a la página de Joe Biden veremos un cuestionario para hacer aportes monetarios, establece llegar a una emisión cero de carbón para, a más tardar, 2050. 

No hay desafío más grande para Estados Unidos y el mundo que terminar con el cambio climático

Joe Biden

Su principal foco está en el sector del transporte que fue el que más creció en cuanto a emisiones en el último tiempo. Esto implicaría reducir la cantidad de vuelos internacionales, poner prohibiciones a la circulación de autos y ponerle un cepo productivo a todas las fábricas del país.

Para reducir las emisiones, Biden propone preservar y expadir el Clean Air Act, la “Ley de Aire Limpio”, una legislación estadounidense sancionada en los 60s y muy presente en la actualidad económica del país, como también implementar nuevos estándares para el combustible proponiendo un 100% de electrificación para todos los vehículos.

Para lograr esto, propone un proyecto que implicaría un gasto público de más de 400 mil millones de dólares, siendo la inversión más grande de la historia del Gobierno Federal en el sector.

Por último, Biden quiere volver al Acuerdo de París, del que se salió Trump en 2017, que implicaba aplicar castigos a las empresas que no apliquen una serie de regulaciones acordadas en sucesivas conferencias en París entre 2015 y 2016. Este Acuerdo pretendía castigar las acciones que tiendan a aumentar el calentamiento global con la misma fuerza que se castiga el terrorismo o el tráfico de personas.

Al fin y al cabo, es una cuestión de precios

Para empezar a entender las consecuencias de lo que Biden propone para Estados Unidos, que ya cuenta con el sistema energético más limpio en relación a su producción del planeta, primero debemos conocer las consecuencias inmediatas del sistema de precios dentro del sector de la energía.Hace 150 años la fuente de energía más importante del mundo era el carbón, todo funcionaba con el mismo, desde los trenes hasta las centrales eléctricas, en aquel entonces el petróleo era usado solamente para prender lámparas.

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 En aquél momento, al igual que hoy en día con el petróleo, se decía que iba a haber escasez de carbón y que iba a haber guerras por él. Hoy hay más carbón que nunca en el mundo y casi no es usado para procesos energéticos de gran escala salvo en las centrales subsidiadas de los gobiernos o para parrilladas en uso cotidiano.

¿Qué cambió? Un hombre llamado Rudolf Diesel inventó el motor combustión interna y el petróleo se convirtió en la principal fuente de energía transportable. ¿Cuál fue el mecanismo real que hizo cambiar la matriz energética de carbón a petróleo? Simple, el sistema de precios. No fue si no hasta que la suba de precios del carbón permitió que las opciones alternativas sean rentables y se puedan crear motores 20 veces más potentes y que a la vez consumen 3 veces menos de combustible, un ratio de 1:60.

 Así es como se dio el progreso industrial, energético y productivo en los últimos 200 años. Cuando un bien empieza a escasear, sus alternativas, más modernas y tecnológicas se hacen rentables y dan lugar a una revolución. 

Esto es solamente posible en un sistema de libre mercado, o con los precios lo más libres posible, ya que si nosotros subsidiamos las opciones alternativas y nunca dejamos que el sistema de precios actúe este proceso no podría darse, y el avance tecnológico se frenaría.

En el caso de la energía, los márgenes de rentabilidad se mantendrían estáticos, lo que provocaría que no se perciba un beneficio real al producir energía alternativa, consecuentemente, los productores no se volcarían a la energía verde, la que quedaría relegada a proyectos del gobierno, con todas las ineficiencias que eso conlleva.

Además, y esto tal vez sea el mayor riesgo de intervenir el mercado, se crearían tasas de interés artificiales que provocarían una burbuja en el sector energético, resultando que ante el primer revés de la economía (como puede ser una pandemia) todas las inversiones que en un momento parecían rentables ya no lo son, consecuentemente, todos los árboles talados, todos los cauces corridos y toda la producción de acero para poder minar los metales necesarios para producir energía renovable hubiesen sido en vano.

Demasiado bueno para ser verdad

Lo cierto es que si bien las propuestas de Biden suenan muy bien, el cambio tecnológico nunca vino de mano de un burócrata. 

El sistema capitalista fue quien ha eficientizado y mejorado los rendimientos de las energías en el momento adecuado, nunca agotando el recurso natural en completitud.

 La dirección que está tomando Trump es la adecuada, ya que el mix energético permitiría a la economía estadounidense un pasaje sano y con inversiones duraderas a las energías renovables en el momento exacto, no cuando un dirigente político decida distorsionar toda la matriz de producción.

Es por ello que las palabras del candidato Joe Biden no son más que un discurso de fantasía alejado de la realidad. En el peor de los mundos y llevando las propuestas del Partido Demócrata a su extrema, habría que sancionar a países en vías de desarrollo por usar fuentes no renovables, como la India, China o Rusia. ¿A cuántas personas se sumergiría en la pobreza con esta absurda decisión? Todos los países han pasado por ese proceso, y los desarrollados tienen que dejar que los no desarrollados lo hagan, ya que nadie interrumpió el de ellos. 

Hoy los países desarrollados tienen que promover el máximo desarrollo tecnológico y las máximas exenciones impositivas en todo el sector energético sin importar la fuente de origen para que podamos en el futuro contar con una matriz verde duradera y real y no subsidiada y a corto plazo.

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