Diario de minería, petróleo y campo.
El Gobierno nacional envió al Congreso el proyecto de reforma de la Ley de Glaciares y activó una discusión que excede lo ambiental: toca el corazón del modelo productivo argentino. Con el Presupuesto 2026 en agenda, la iniciativa reabre el debate sobre federalismo, seguridad jurídica y el futuro de la minería y la energía.
Una ley nacida en la urgencia política y aplicada sin criterio técnico
La Ley de Glaciares (26.639) fue sancionada en 2010 en un contexto de alta presión política y social, con fuerte protagonismo de organizaciones ambientalistas y un Congreso que legisló más por consigna que por evidencia científica. Desde entonces, su aplicación derivó en interpretaciones expansivas que terminaron bloqueando proyectos mineros y energéticos incluso en zonas donde no existen glaciares activos ni reservas hídricas estratégicas.
El nuevo proyecto del Ejecutivo busca corregir ese desvío original: no elimina la protección de los glaciares, pero sí intenta acotar definiciones, introducir criterios técnicos y devolver a las provincias —dueñas constitucionales de los recursos naturales— un rol central en la toma de decisiones. “No se trata de tocar glaciares, sino de ordenar el territorio con base científica”, señalan fuentes oficiales del área productiva.
Federalismo en disputa: provincias, recursos y poder real
Uno de los ejes más sensibles de la reforma es la restitución explícita de competencias provinciales. Durante años, la Ley de Glaciares funcionó en la práctica como una herramienta de recentralización, donde organismos nacionales definían qué se podía o no hacer en territorios provinciales.
Gobernadores de provincias mineras —San Juan, Catamarca, Salta, Jujuy— vienen reclamando desde hace tiempo reglas claras que permitan desarrollar minería, energía y petróleo sin quedar atrapados en interpretaciones discrecionales. El proyecto apunta a ese reclamo histórico: reconocer que las provincias no son meras ejecutoras, sino actores con capacidad técnica y política para compatibilizar producción y cuidado ambiental.
En términos de inversión, el mensaje es directo: sin federalismo operativo no hay previsibilidad, y sin previsibilidad no hay dólares productivos.
La Ley de Glaciares nació mal, se aplicó peor y hoy frena inversiones sin mejorar la protección ambiental
”
— Favio Casarín, geólogo y abogado
Minería, agua y el relato del miedo
El debate público vuelve a caer en una simplificación peligrosa: minería versus agua. Sin embargo, los datos muestran otra realidad. Los grandes proyectos metalíferos modernos no utilizan agua de glaciares y operan bajo sistemas cerrados, con reutilización superior al 70% en muchos casos.
Especialistas como el geólogo y abogado Favio Casarín han sido claros: “La Ley de Glaciares nació mal, se aplicó peor y hoy frena inversiones sin mejorar la protección ambiental”. Según estimaciones del sector, más de USD 15.000 millones en proyectos de cobre, litio y energía quedaron virtualmente congelados por la inseguridad jurídica derivada de la norma actual.
Mientras países vecinos como Chile y Perú avanzan con minería de alta montaña bajo controles estrictos, Argentina discute sobre definiciones abstractas que no distinguen entre un glaciar activo y un ambiente periglacial sin función hídrica relevante.
Presupuesto 2026: el telón de fondo económico
No es casual que el debate se dé en simultáneo con el tratamiento del Presupuesto 2026. El Estado necesita divisas, empleo privado y exportaciones reales. La minería y la energía aparecen, una vez más, como sectores capaces de aportar escala, inversión y desarrollo regional.
Sin cambios normativos, muchos proyectos no solo quedan fuera del Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI), sino que directamente se tornan inviables. La reforma de la Ley de Glaciares busca alinear el marco ambiental con una estrategia económica que mire más allá del corto plazo y del calendario electoral.
Claves del debate
- • No se eliminan glaciares protegidos, se redefinen criterios técnicos.
- • Las provincias recuperan protagonismo en la gestión de recursos.
- • Minería y energía como motores de exportaciones y empleo.
- • Seguridad jurídica como condición básica para atraer inversiones.
Lo que está en juego: desarrollo o parálisis regulada
La discusión que se abre en el Congreso no es ambiental versus productiva; es técnica versus dogmática. Argentina puede seguir usando el miedo como política pública o animarse a construir reglas modernas, con controles reales y decisiones basadas en evidencia.
La reforma de la Ley de Glaciares será, en ese sentido, una prueba de madurez institucional: ¿seguiremos legislando para bloquear o empezaremos a legislar para desarrollar?






