Sector Minero Especialista en Minería & Petróleo
Cada vez que Argentina da un paso hacia el desarrollo minero, aparece el mismo guion, la misma retórica, el mismo protagonista. Esta vez, Pablo Lada, histórico referente del Movimiento Antinuclear de Chubut, volvió a levantar el tono en una entrevista radial para alertar —otra vez— sobre supuestas catástrofes inminentes que traería consigo el desarrollo de la minería del uranio.
Lo preocupante no es su militancia —tiene derecho a expresar lo que piensa— sino el nivel de desinformación que difunde con tono alarmista y sin rigor técnico alguno. Y lo más grave: lo hace en nombre de una provincia que necesita urgentemente discutir un modelo productivo sostenible, no seguir secuestrada por el miedo y el inmovilismo.
Ni “basurero nuclear”, ni “contaminación irreversible”: lo que dice la ciencia
Lada afirma que la minería de uranio “contamina de manera irreversible los acuíferos” y que “la radiación se conecta con toda la biósfera”. Cita, además, documentos de la propia Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) como si esta entidad —referente científico-tecnológico en la región— validara sus dichos. Pero nunca muestra esos documentos. No hay ninguna evidencia científica seria que afirme que la extracción de uranio bajo parámetros controlados y tecnología actual genere los impactos apocalípticos que describe.
Países como Canadá, Australia, Kazajistán y Estados Unidos extraen uranio en forma segura desde hace décadas, muchos de ellos con métodos de lixiviación in situ —la técnica que se evalúa para proyectos de uranio en la meseta chubutense — y con fuerte control ambiental. Francia no «sacó la minería de uranio»: agotó sus reservas y sigue importando para abastecer sus 56 reactores.
Argentina, a diferencia de esos países, cuenta con reservas de uranio, capacidad científica propia y una empresa nacional como YPF Nuclear que busca desarrollarlas con soberanía. Negarse a eso en nombre de supuestos peligros que nunca se demuestran es simplemente apostar al atraso.
El discurso que no evoluciona, pero paraliza
Lada repite, sin matices, que “la minería del uranio es peor que la zonificación minera”. Y al hacerlo, desconoce que el mundo —y la provincia— han cambiado. La energía nuclear es hoy considerada una herramienta clave para enfrentar el cambio climático, respaldada por el IPCC, la Agencia Internacional de Energía y hasta por activistas históricos como Michael Shellenberger y George Monbiot.
Lada, en cambio, sigue atado a un relato de los años ’90, cuando encabezaba la lucha contra el basurero nuclear en Gastre. Pero hoy nadie está proponiendo enterrar residuos, sino extraer un recurso estratégico del subsuelo para producir energía limpia y reducir la dependencia de combustibles fósiles.
Sin minería, no hay desarrollo. Y sin desarrollo, no hay futuro
Chubut necesita empleo, inversión, diversificación. Las zonas del interior —como Las Plumas, Paso de Indios, Telsen o Gan Gan— están al borde del colapso productivo. En ese contexto, seguir repitiendo slogans sin propuestas viables es irresponsable.
Lada se pregunta qué pasaría si “YPF pasa a manos de un fondo buitre” y concluye que habría que frenar todo. Pero lo que está en discusión hoy no es una privatización, sino si los recursos estratégicos de Chubut se ponen al servicio del desarrollo nacional o se entierran bajo el dogma del “no se toca”.
Un debate que hay que dar, pero con información y sin manipulación
Si el movimiento ambientalista quiere ser parte del debate, será bienvenido. Pero no desde la desinformación. Las técnicas modernas de minería del uranio, los estándares internacionales, la legislación ambiental vigente y el marco institucional argentino ofrecen garantías suficientes para debatir con seriedad.
Pablo Lada no representa a toda Chubut, ni mucho menos a las comunidades que ven en la minería una oportunidad real de salir del estancamiento. Representa, sí, a un sector que se niega a revisar sus ideas frente a una realidad que cambió. Y en esa negativa, pretende arrastrar a toda una provincia.






