Diario de minería, petróleo y campo.
Aunque los discursos sobre la transición energética dominan la agenda global, el mundo sigue dependiendo del petróleo. Ni la electromovilidad, ni las renovables, ni el hidrógeno verde logran —por ahora— reemplazar la columna vertebral de la economía moderna: los hidrocarburos.
La paradoja energética: más renovables, más consumo
La Agencia Internacional de Energía (AIE) estima que la demanda global de petróleo superará los 102 millones de barriles diarios en 2025, a pesar de los récords en generación solar y eólica. ¿La razón? El crecimiento poblacional y la industrialización en Asia y África empujan la demanda de transporte, fertilizantes, plásticos y productos petroquímicos.
Incluso con autos eléctricos, el 90% del comercio mundial sigue moviéndose con combustibles derivados del crudo.
El petróleo no es sólo energía: es insumo industrial
Más del 40% del petróleo mundial no se usa como combustible, sino como materia prima petroquímica para fabricar plásticos, textiles, cosméticos, medicamentos y materiales de construcción.
Eliminarlo no sólo afectaría al transporte, sino a toda la industria manufacturera global. “No existe aún una alternativa a gran escala para reemplazar los polímeros derivados del petróleo”, advierte el Foro Económico Mundial.
Geopolítica del crudo: el poder que no se cede
Las reservas de petróleo siguen definiendo estrategias geopolíticas. Estados Unidos, Arabia Saudita, Rusia y China compiten no sólo por producir, sino por controlar las rutas y precios.
El reciente conflicto en Medio Oriente y las sanciones a Rusia demuestran que el petróleo sigue siendo un arma diplomática y económica.
Argentina, con Vaca Muerta como segunda reserva mundial de shale gas, también juega su ficha en este tablero.
Transición energética sí, pero con petróleo
La transición energética no significa dejar de usar petróleo mañana, sino usar menos y mejor. Las propias petroleras lo saben: YPF, Shell y ExxonMobil están invirtiendo en proyectos de hidrógeno, captura de carbono y biocombustibles, pero financian esas transiciones con las ganancias del petróleo.
Según Wood Mackenzie, el petróleo financiará más del 60% de las inversiones en energías limpias de aquí a 2030.
Lo que viene: un futuro con menos emisiones, pero no sin petróleo
El desafío no es eliminarlo, sino transformar su uso. Los países que comprendan esto —y gestionen una transición inteligente— concentrarán el poder económico del siglo XXI.
Argentina tiene una oportunidad estratégica: exportar energía y productos petroquímicos mientras desarrolla renovables, sin caer en el falso dilema entre petróleo y sustentabilidad.
Claves
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La demanda global superará los 102 millones de barriles/día en 2025.
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40% del crudo se usa en productos industriales, no como combustible.
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El petróleo financia hoy la transición energética.
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Argentina podría combinar Vaca Muerta con proyectos de hidrógeno y captura de carbono.






