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Los agroquímicos son seguros: Derribando el mito ecologista

Los agroquímicos son seguros: Derribando el mito ecologista

La química agrícola actual representa la vida misma para miles de millones de personas. Los plaguicidas y fertilizantes contribuyen a producir alimentos en abundancia y libres de la destrucción de pestes.

La mayoría de los países no podría sustentar la vida de su población sin el uso de agroquímicos.

La mayoría de los países no podría sustentar la vida de su población sin el uso de agroquímicos

¿Qué precio hay que pagar en salud para mantener este bienestar logrado gracias a los agroquímicos?

No hay que pagar ningún precio y, por el contrario, se obtienen beneficios para la salud, tales como:

  • En primer lugar, los plaguicidas ayudan a evitar que los granos y semillas oleaginosas se contaminen con bacterias y hongos productores de toxinas y micotoxinas que pueden causar cáncer. La cuarta parte de los cereales y oleaginosas del mundo está contaminada con dichas toxinas. Gracias a los plaguicidas los riesgos se disminuyen.
  • Los plaguicidas nos permiten producir frutas y verduras abundantes, económicas y de buen aspecto. Es sabido que las frutas y verduras representan la mejor defensa contra enfermedades.

¿Riesgo cero con Agroquímicos?

Los eco-fanáticos exigen que se demuestre que los plaguicidas presentan cero riesgo humano o, en su defecto, que se los prohíba. De hecho, el riesgo cero no se puede demostrar.

Lo que sí se puede demostrar es que, curiosamente, los productos químicos naturales presentes en nuestros propios alimentos son 10.000 veces más tóxicos que los residuos de plaguicidas. Y sabemos que los alimentos son seguros y beneficiosos.

Por lo tanto, los riesgos de los plaguicidas son tan bajos que se pueden considerar inexistentes.

En experimentos con dosis altas de ratas (LD50), los residuos de plaguicidas han demostrado ser ¡Menos peligrosos que la mostaza y los pickles!

El rápido aumento de la expectativa de vida en países que usan agroquímicos es un claro indicio de que nos alimentamos y desarrollamos normalmente, aún con alimentos que contienen “cancerígenos” naturales y sintéticos que han sido señalados como riesgosos en los experimentos con dosis altas en ratas.

Controlando las toxinas

La FAO estima que una cuarta parte de los cultivos del mundo está contaminado con micotoxinas, muchas de las cuales son potencialmente dañinas para las personas. Un informe del Consejo para la Ciencia y Tecnología Agrícola, analizó el peligro que estas toxinas representan.

Por ejemplo, la aflatoxina, que se encuentra mayormente en semillas de maíz, maní y algodón atacadas por el moho, es un potente cancerígeno.

En la India occidental, cerca de 100 personas murieron entre 1974 y 1975 cuando 200 aldeas consumieron maíz sumamente enmohecido.

La aflatoxina puede transmitirse a la leche y a productos como el queso y el yogurt. En humanos está relacionada con cáncer de hígado y, en casos severos, con hemorragias gastrointestinales.

Volver a la edad media

El ergotismo, que es causado por alcaloides fúngicos, alcanzó proporciones epidémicas en ciertos períodos de la Edad Media y, más recientemente, en el siglo XVIII.

Poblaciones enteras parecían afectadas por mareos. Aparecían desplazamientos irracionales de masas que luego se extinguían súbitamente.

Algunos historiadores especulan que los juicios de las brujas de Salem en Massachusetts colonial pueden haber sido desatados por el ergotismo.

Durante una severa epidemia en Etiopía en 1978 murió la mitad de los afectados mientras que muchos otros sufrieron gangrena seca.

Para evitar o disminuir estas micotoxinas, se debe comenzar por controlar el daño que producen los insectos y roedores en el campo, pues dicho daño produce vías de entrada a los hongos productores de las micotoxinas.

Los plaguicidas son defensas de avanzada contra estas toxinas. Los cultivos deben ser protegidos contra plagas del almacenamientos, aún después de la cosecha.

Se deben construir depósitos secos y seguros, y a veces se deben usar agentes antifúngicos de baja toxicidad, como el ácido propiónico o el ácido acéticos y en algunos casos se debe utilizar fumigantes.

¿Cuánta dosis es considerada una alta dosis?

Los distintos organismos utilizan medidas ligeramente diferentes para evaluar la cantidad de glifosato a la que puede exponerse una persona sin incurrir en riesgos para la salud.

Las evaluaciones de la ONU/OMS y de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria utilizan una medida de “ingesta diaria aceptable“, mientras que la EPA utiliza una “dosis crónica de referencia“.

La EPA define la “dosis crónica de referencia” como un nivel de exposición a lo largo de un periodo de tiempo prolongado, normalmente toda la vida, que provoca una baja probabilidad de riesgo, mientras que una “ingesta diaria aceptable” pretende medir el nivel de exposición prolongada que no provoca ningún riesgo.

En 2002, la EPA dijo que la dosis crónica de referencia del glifosato no debería superar los 1,75 miligramos por kilo de peso corporal al día. Sin embargo, es importante señalar que la agencia no estableció esta cantidad específicamente para el cáncer, sino para los efectos sobre la salud en general.

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Las medidas específicas para el riesgo de cáncer han especificado dosis más bajas: una ingesta diaria no superior a 1 mg/kg de peso corporal al día, según la evaluación de mayo de 2016 de los expertos de la ONU y la OMS, y 0,5 mg/kg de peso corporal al día, según la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria en 2015.

Según la norma de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria -la más estricta de las tres, un adulto de 175 libras podría ingerir casi 40 mg de glifosato al día sin riesgo de desarrollar cáncer.

En cambio, un niño de la mitad de ese peso podría ingerir 20 mg de glifosato al día.

Esto nos lleva a la cantidad de glifosato que el informe destacado por FoodBabe.com ha encontrado en marcas comunes de cereales, galletas y crackers.

El informe dice que el cereal Cheerios tenía el nivel más alto de glifosato de todos los productos, con nada menos que 1.125,3 partes por billón. Eso se traduce en unos 0,032 mg por cada porción de 28 gramos del cereal.

Para superar la ingesta diaria aceptable de 0,5 mg/kg de peso corporal al día un adulto tendría que comer más de 1.270 raciones de cereales al día

Para superar la ingesta diaria aceptable de 0,5 mg/kg de peso corporal al día, un adulto de 175 libras tendría que comer más de 1.270 raciones de cereales al día. Y un niño de la mitad de ese peso tendría que comer más de 635 raciones.

Es importante mencionar que el informe dice que las Cheerios tenían niveles de glifosato “tan altos como” 1.125,3 ppb, lo que significa que otras muestras del cereal tenían cantidades menores.

Entonces, ¿Es peligroso el glifosato?

También es importante señalar que las personas pueden estar expuestas al glifosato a través de otras fuentes, como el agua potable.

Según la OMS, los alimentos y el agua son las “principales vías de exposición” al glifosato para la población en general (es decir, no los aplicadores de plaguicidas). Pero la OMS añade que “se espera que la principal fuente de exposición al glifosato sean los alimentos” debido a la forma en que el producto químico interactúa en los sólidos y los líquidos.

Así que sí, el glifosato se encuentra en algunos alimentos, pero los expertos creen que estas dosis del herbicida no suponen un riesgo de cáncer para los humanos.

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