Diario de minería, petróleo y campo.
Los sucesos del 3 de enero en Venezuela no fueron un simple episodio de noticias internacionales; fueron el estallido de un conflicto que desgarra las costuras del Derecho Internacional.
Cuando una potencia mundial decide cruzar fronteras, capturar a un ciudadano y a su cónyuge, el mundo se divide en dos preguntas: ¿Por qué ahora? y ¿A qué precio?.
Por Favio Casarin – Geólogo y Abogado. Profesor de Derecho de los Recursos Naturales
Entre la Soberanía Herida y el Oro Negro y Dorado
Las versiones oficiales nos hablan de una cruzada contra el narcoterrorismo, una narrativa que se siente frágil cuando la historia nos recuerda la tolerancia selectiva de Washington hacia regímenes igual de oscuros. Por eso, surge una hipótesis mucho más antigua y voraz: el hambre de recursos. Estamos presenciando el resurgimiento de un colonialismo que creíamos extinto, donde el «botín de guerra» no es la libertad, sino el subsuelo.

El Dorado Moderno: El potencial oculto de sus recursos minerales.
El Laberinto Legal: Las reglas del juego (y quiénes las dictan) para su explotación.¿Es Venezuela una amenaza a la seguridad o simplemente la gasolinera más codiciada del planeta? Te invito a descubrirlo en las siguientes entregas, donde analizaremos si la ley aún tiene voz frente al rugir de los intereses extractivos.
304.000 millones de barriles de petróleo + 200,3 TCF de gas
El Océano de Oro Negro: Un Gigante Dormido bajo la Faja del Orinoco
Si el petróleo es la sangre del mundo moderno, Venezuela posee el corazón más grande del planeta. Pero, como todo corazón poderoso, está rodeado de mitos, sabotajes y una infraestructura que parece sacada de una novela de ciencia ficción industrial.
Muchos países producen crudo, pero pocos tienen un «Océano de Oro Negro». Hablar de los hidrocarburos en Venezuela es hablar de la Faja Petrolífera del Orinoco, una extensión de tierra que guarda las reservas de crudo extra-pesado más grandes del mundo. Venezuela mantiene la posición número uno en reservas de crudo, que se estiman en aproximadamente 304.000 millones de barriles.

En cuanto a Gas Natural, posee cerca de 200,3 billones de pies cúbicos (TCF), lo que sitúa al país en el octavo lugar a nivel mundial y el primero en América Latina. Cabe destacar que gran parte del gas en Venezuela es «gas asociado» (se produce junto con el petróleo).
La naturaleza de estas reservas de petróleo (mayormente extrapesados) implica costos de extracción y refinación elevados. Y aquí es donde la realidad golpea a la problemática que enfrentó el régimen chavista, navegando entre la pobreza de su población y una tremenda riqueza en el subsuelo: ¿De qué sirve tener todo el petróleo si no tienes las llaves de la refinería?.
La industria ha vivido una montaña rusa productiva en la última década, marcada por la desinversión y las sanciones, seguida de una recuperación gradual apoyada por licencias especiales (como la de Chevron) y acuerdos de servicios. El pico de producción se observó en 1997 con 3.500.000 barriles diarios, y apenas llegó al 1.000.000 en 2005.
RESERVAS HIDROCARBURÍFERAS VENEZUELA
- Petróleo probado: 304.000 millones barriles (1° mundial)
- Gas natural: 200,3 TCF (8° mundial – 1° América Latina)
- Tipo principal: Crudo extrapesado (Faja del Orinoco)
- Pico histórico: 3.500.000 bpd (1997)
- Producción reciente: ~865.000 bpd (2025)
El Arsenal Energético: Más allá de las cifras
Desglosamos los pilares que hacen de Venezuela una pieza de ajedrez insustituible:
El Crudo Extra-pesado: Un recurso que requiere tecnología de punta y procesos químicos complejos. Quien controla la tecnología, controla el flujo.
El Gas Natural: A menudo eclipsado por el petróleo, Venezuela es también una potencia gasífera con yacimientos costa afuera que podrían alimentar a medio continente.
La Infraestructura de Hierro: Analizamos las refinerías, los oleoductos y los terminales marítimas, hoy vetustas y que son el objeto de deseo (y blanco de sanciones) de las potencias extranjeras.
¿Soberanía o Dependencia?
La pregunta que flota en el aire no es técnica, sino política: ¿Es la infraestructura venezolana una herramienta de liberación o una cadena que la ata a sus compradores internacionales? La información que nos llega a través de «las cadenas de entertainment» nos dice que la industria está en ruinas, pero la realidad muestra un interés desesperado de las multinacionales por no abandonar el barco.

Dato Clave: Poseer las reservas más grandes no garantiza la riqueza; garantiza ser el centro de la tormenta. En las próximas líneas, veremos cómo la ingeniería se mezcla con la supervivencia nacional.
El Laberinto de Papel. El Régimen Legal: ¿Escudo Nacional o Invitación al Saqueo?
Detrás de cada torre de perforación, hay un documento que lo permite todo. En Venezuela, la ley no es solo un conjunto de normas; es un campo de batalla. Si en el capítulo anterior vimos el «qué» (el petróleo), aquí analizaremos el «cómo»: el andamiaje legal que ha intentado, con éxito o sin él, blindar los recursos frente a las garras extranjeras.
El Corazón de la Discordia: La Constitución y la Propiedad
Para entender la tensión actual, hay que entender una premisa fundamental del derecho venezolano: el subsuelo pertenece a la Nación. Esta idea, que parece simple, es la que ha desatado guerras diplomáticas.
La Reserva del Estado: Por mandato constitucional, la actividad petrolera está reservada al Estado. Esto es lo que las potencias en su afán voraz, llaman «falta de libertad de mercado», pero que el país define como Soberanía Energética.
Empresas Mixtas: El Matrimonio por Conveniencia: La ley permite que capitales extranjeros participen, pero siempre bajo el control mayoritario del Estado venezolano. Es este porcentaje de control el que hoy está en disputa bajo el asedio internacional, y la frase varias veces repetida por el artífice de la invasión: “vamos a recuperar lo que es nuestro”.
No es cierto lo que se dice que no participa el inversor extranjero, y que se le deba algún país que ahora pretende “cobrarse lo que le deben”, utilizado como otro ingrediente para justificar la invasión. Aquí algunos ejemplos de asociaciones:
* Chevron (Empresas Mixtas Petropiar, Petroboscán, Independencia y Cardón III): Sigue siendo el motor principal de la industria. Su licencia le permite no solo extraer, sino cobrar deuda mediante la comercialización directa. Esto garantiza que el flujo de caja regrese a mantenimiento, algo que antes no ocurría.
* Repsol y Eni: Han pasado de ser simples socios pasivos a tomar un rol activo en la gestión de campos de crudo liviano y gas (como el proyecto Petroquiriquire). Su enfoque en 2026 es la recuperación de pozos maduros que habían sido abandonados.
* Maurel & Prom: Su intervención en el Lago de Maracaibo ha permitido recuperar crudos medianos que son críticos para el consumo interno de refinerías.
¿Seguridad Jurídica o Supervivencia?
El invasor justifica su avance alegando que el régimen legal actual es una «traba para el desarrollo» o una «herramienta del narcoterrorismo». Sin embargo, al analizar la Ley Orgánica de Hidrocarburos, descubrimos que lo que realmente molesta no es la falta de leyes, sino que estas leyes exigen que parte de esa riqueza se quede en casa.
El dilema legal: ¿Es posible cambiar estas leyes bajo la presión de una invasión sin que eso signifique entregar el país? ¿Se está redactando un nuevo código legal en oficinas extranjeras mientras el conflicto sucede en suelo venezolano?.
La Trampa del Derecho Internacional
Mientras Venezuela se aferra a sus leyes internas, la potencia invasora utiliza el Derecho Internacional Público como un mazo donde elige las cartas sin sonrojarse, ignorando tratados y soberanías para imponer una nueva «legalidad» a medida de sus intereses extractivos.
“De qué sirve tener todo el petróleo si no tienes las llaves de la refinería”.
— Favio Casarin
La Reserva Infinita. El Gas y el Petróleo: Los Dos Gigantes del Tablero Geopolítico
A menudo, la prensa internacional simplifica la riqueza venezolana hablando solo de «barriles». Pero la realidad es mucho más compleja y ambiciosa. En las profundidades del suelo venezolano conviven dos gigantes: uno líquido y pesado, que ya mueve al mundo; y uno gaseoso e invisible, que es la llave de la transición energética.

El Océano Líquido: Las Reservas de Petróleo
Venezuela ostenta el título de poseer las reservas probadas de petróleo más grandes del mundo, superando incluso a Arabia Saudita.
La Faja del Orinoco: No es solo petróleo; es un tipo de crudo extrapesado que actúa como una reserva estratégica de largo aliento. Mientras otros países ven cómo sus pozos se secan, Venezuela tiene suficiente para abastecer al mercado global por los próximos 300 años.
El Valor Geopolítico: Esta longevidad es lo que desespera a las potencias. Controlar Venezuela no es controlar el petróleo de hoy, es controlar la energía del siglo XXII.
El Gigante Invisible: El Rol Estratégico del Gas
Si el petróleo atrae a los ejércitos, el gas atrae a las industrias. Venezuela ocupa los primeros puestos a nivel mundial en reservas de gas natural, y aquí es donde el juego se vuelve interesante:
Gas Asociado y No Asociado: Gran parte del gas venezolano está mezclado con el petróleo, pero los yacimientos más valiosos son los de «gas libre» en las plataformas marinas (offshore).
El Eslabón de la Transición: En un mundo que busca alejarse del carbón, el gas natural es el «combustible puente». Poseer estas reservas coloca a Venezuela en una posición de poder absoluto sobre la matriz energética de la región y de Europa.
Infraestructura Codiciada: Los proyectos de exportación de gas hacia el Caribe y el Cono Sur son infraestructuras que el invasor busca capturar ¿tal vez para romper la integración energética latinoamericana?.
El Botín de Guerra: Por qué la invasión no puede esperar
¿Por qué el afán de derrocar el régimen legal actual? Porque bajo las leyes venezolanas actuales, estas reservas no pueden ser privatizadas ni entregadas sin un control estatal férreo. Para la potencia invasora, el gas y el petróleo de Venezuela no son recursos para el desarrollo del pueblo venezolano, sino activos estratégicos que deben estar bajo su control para mantener su hegemonía global.
La paradoja: Venezuela es un país inmensamente rico viviendo en una economía de guerra. El gas que debería estar calentando hogares y moviendo industrias es, hoy por hoy, el objetivo de un asedio que busca desmantelar el control soberano sobre estas reservas.
Para cerrar este bloque de análisis sobre hidrocarburos, debemos entender que las sanciones no son solo «prohibiciones de venta»; son una forma de guerra de desgaste que ha dejado cicatrices profundas en la estructura física del país. El acontecimiento del pasado 3 de enero, apenas fue el golpe de nocaut de un asedio que llevaba años.
“Poseer las reservas más grandes no garantiza la riqueza; garantiza ser el centro de la tormenta”.
— Favio Casarin
El Óxido del Asedio. Cómo las Sanciones Desmantelaron el Gigante desde Adentro
Si el petróleo es la sangre y el régimen legal es el manual de instrucciones, la infraestructura es el cuerpo. Y ese cuerpo hoy está bajo un ataque sistemático. Las sanciones impuestas, especialmente desde 2019, han funcionado como un bloqueo técnico diseñado para que la riqueza de Venezuela se quede atrapada bajo tierra o se pierda en el camino.

El Bloqueo de los «Diluyentes»: El Crudo que no puede Fluir
El petróleo de la Faja del Orinoco es tan denso (extrapesado) que no puede correr por los oleoductos por sí solo; necesita ser mezclado con diluyentes (nafta ligera).
El Impacto: Las sanciones prohibieron la importación de estos diluyentes. Sin ellos, el petróleo más valioso de Venezuela se vuelve sólido, inamovible, dejando a las refinerías y puertos de exportación sedientos, a pesar de estar sobre el yacimiento más grande del mundo.
La Obsolescencia Programada por Sanción
La industria petrolera depende de piezas de alta precisión que, en su mayoría, provienen de empresas occidentales.
El Canibalismo Industrial: Al no poder comprar repuestos originales, PDVSA se ha visto obligada al «canibalismo»: desmantelar una planta para reparar otra.
El Gas Quemado: La falta de compresores y repuestos para la infraestructura de gas ha provocado que Venezuela, irónicamente, tenga que «quemar» millones de pies cúbicos de gas natural al día en los pozos, simplemente porque no tiene cómo procesarlo o transportarlo. Es riqueza que se evapora literalmente en el cielo.
Desafíos Infraestructurales (El Techo de Cristal)
A pesar de las licencias, los expertos coincidimos en que existe un «techo» operativo difícil de superar sin una inversión masiva (estimada en $10.000 a $15.000 millones anuales):
Red Eléctrica: Las fallas en el Sistema Eléctrico Nacional (SEN) siguen causando paradas no programadas en los campos de Occidente.
Almacenamiento y Ductos: Muchos oleoductos presentan corrosión severa tras años de inactividad, lo que limita la velocidad a la que se puede incrementar la extracción. Debido a las dificultades para exportar de manera constante, los tanques de almacenamiento suelen llenarse al máximo. Cuando esto ocurre, se debe cerrar la producción en los pozos, ya que no hay dónde poner el crudo. Esto causa daños mecánicos en los yacimientos que luego son difíciles de revertir.
El Éxodo del «Know-How»
Las sanciones no solo oxidan el hierro, también ahuyentan el talento. La imposibilidad de pagar sueldos competitivos en dólares y las restricciones para que técnicos extranjeros trabajen en suelo venezolano han generado un vaciado de conocimiento. Quienes sabían cómo operar el complejo laberinto de las refinerías ahora trabajan en otros países, dejando el botín en manos de una infraestructura que apenas respira.
El «Botín» está Roto: el Nuevo Tratado de Versalles
El invasor que llegue hoy a Venezuela no encontrará una joya lista para ser usada. Encontrará una industria que requiere decenas de miles de millones de dólares y años de reconstrucción. La paradoja es perfecta: la potencia invasora justifica su intervención en la «mala gestión», cuando sus propias sanciones fueron el mazo que terminó de romper la maquinaria. El pueblo venezolano (los que quedaron y los que se exiliaron), están condenados a pagar con su sudor miseria las “reparaciones de guerra”, en una suerte de Tratado de Versalles aggiornado al cumplirse el centenario del original.
Infraestructura oxidada por sanciones – USD 10-15 mil millones para reconstruir
Vaca Muerta: ¿en riesgo?
La reconfiguración del tablero energético tras la caída de Maduro y el control estadounidense de las reservas venezolanas introduce una competencia directa por el capital. Históricamente, Vaca Muerta fue el refugio del capital petrolero en Sudamérica debido al riesgo político en Venezuela. Ahora, con la promesa de Donald Trump de facilitar el regreso de las majors (como Chevron, ExxonMobil y Shell) a Venezuela, el capital global se vuelve más selectivo.
Alertas: luz amarilla
Venezuela posee crudo convencional que, aunque pesado, fluye naturalmente o con menores costos de extracción inicial que el shale. Si las condiciones de seguridad jurídica en Venezuela se estabilizan rápido, algunos flujos de inversión que miraban a la Cuenca Neuquina podrían desviarse hacia la Faja del Orinoco.
Vaca Muerta ha logrado bajar sus costos de desarrollo de manera impresionante, pero sigue siendo un recurso no convencional. Una Venezuela recuperando producción (podría duplicarla en 1 a 2 años con inversiones moderadas) sumaría presión a un mercado global ya sobreofertado.
La amenaza: Si el precio del barril Brent cae por debajo de los 50-55 USD de forma sostenida debido a la oferta venezolana, los márgenes de rentabilidad de los nuevos proyectos en Vaca Muerta podrían verse ajustados, ralentizando el ritmo de perforación.
Oportunidad
Las empresas de servicios argentinas, que han ganado una experiencia técnica de clase mundial en Vaca Muerta, podrían encontrar en la reconstrucción de la infraestructura venezolana una oportunidad de exportación de servicios y tecnología.
Sobre el autor: Favio Casarín es un destacado geólogo y abogado argentino, especialista en energía, minería y petróleo, con una sólida formación académica en la Universidad Nacional de Córdoba (donde obtuvo sus títulos de geólogo y abogado), la Universidad de Buenos Aires (con posgrado en petróleo) y la University of Texas. A lo largo de su trayectoria, ha ocupado roles clave en el sector, como coordinador legal en el Servicio Geológico Minero Argentino (SEGEMAR), gerente de relaciones institucionales en empresas mineras internacionales, presidente de la Asociación de Profesionales de las Industrias del Petróleo y de la Minería de Argentina, y consultor independiente. Además, se desempeña como profesor universitario en derecho de los recursos naturales y medio ambiente, y es un prolífico opinador sobre políticas mineras, promoviendo el desarrollo sostenible y federal de la industria en Argentina.






