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Los primeros 3.487 tubos destinados al San Matías Pipeline ya están en Río Negro y permiten dimensionar físicamente una de las obras de infraestructura energética más importantes de la nueva etapa exportadora argentina. Son caños de acero al carbono de 36 pulgadas de diámetro que formarán el ducto encargado de transportar el gas de Vaca Muerta hasta la costa atlántica para abastecer el proyecto de Gas Natural Licuado de Southern Energy.
La llegada de los tubos no representa solamente un movimiento logístico. Es la primera manifestación física de una obra que tendrá aproximadamente 471 kilómetros de extensión, un diámetro nominal de 36 pulgadas y una capacidad de transporte del orden de 27 millones de metros cúbicos diarios. El proyecto contempla una inversión total cercana a US$1.300 millones y forma parte de la infraestructura requerida para abastecer las futuras unidades flotantes de licuefacción de Southern Energy.

De acuerdo con el Estudio de Impacto Ambiental presentado para el proyecto, el sistema será construido con un ducto de acero al carbono de 36 pulgadas, soterrado y protegido mediante un sistema de recubrimiento tricapa y protección catódica. El diseño contempla una presión máxima admisible de operación de 98 kg/cm²g, mientras que el gas ingresará al sistema en Tratayén con una presión mínima de 68 kg/cm²g y llegará al extremo del ducto con una presión estimada de entre 40 y 45 kg/cm²g.
Un caño de casi un metro de diámetro para mover el gas de Vaca Muerta
La dimensión de los tubos permite comprender la escala de la infraestructura que se está preparando. Las piezas tienen un diámetro de 36 pulgadas, equivalentes a 914,4 milímetros, por lo que el ducto tendrá prácticamente un metro de diámetro exterior. Se trata de una sección diseñada para transportar grandes volúmenes de gas a alta presión a lo largo de cientos de kilómetros.
Los caños fueron provistos por la compañía india Welspun, que obtuvo el contrato para abastecer la tubería del proyecto. La información disponible sobre la provisión identifica a los tubos como cañería de acero al carbono de 36 pulgadas. La adjudicación de la provisión se produjo a fines de 2025 y convirtió a Welspun en uno de los primeros proveedores internacionales en materializar físicamente su participación en la infraestructura vinculada al nuevo corredor energético hacia el Atlántico.
Si se toma como referencia una longitud aproximada de 12 metros por tubo, los 3.487 caños desembarcados en esta primera operación representarían alrededor de 41,8 kilómetros de cañería lineal. La cifra permite dimensionar el volumen de acero que comenzó a ingresar al país: colocados uno detrás de otro, los tubos de este primer cargamento alcanzarían para cubrir una distancia equivalente a más de 40 kilómetros.
“El sistema está compuesto por un ducto de 36” de diámetro nominal y una capacidad de transporte nominal total de 28 MMSMCD, diseñado para operar a una Presión Máxima Admisible de Operación (MAPO) de 98 kg/cm²g.” — Estudio de Impacto Ambiental del Gasoducto Dedicado Tratayén–San Antonio.
De un cargamento de acero a una nueva ruta para el gas argentino
El San Matías Pipeline tendrá una función estratégica dentro del esquema de expansión de la industria gasífera argentina. Su objetivo no es abastecer solamente el mercado interno, sino generar una vía dedicada para transportar producción incremental de Vaca Muerta hasta las instalaciones que permitirán convertir el gas natural en GNL y enviarlo por vía marítima a los mercados internacionales.
La traza partirá de Tratayén, en Neuquén, uno de los principales nodos de la infraestructura gasífera de Vaca Muerta, y avanzará hacia la provincia de Río Negro hasta alcanzar el área próxima al Golfo San Matías. En el extremo rionegrino se instalará infraestructura de compresión destinada a sostener las condiciones necesarias para transportar el volumen previsto hacia las futuras instalaciones de licuefacción.
El diseño del sistema contempla además una planta compresora intermedia y el refuerzo de la infraestructura existente en el área de San Antonio. La combinación entre diámetro, presión de operación y capacidad de transporte permitirá que el gas pueda recorrer cientos de kilómetros desde la Cuenca Neuquina hasta la costa atlántica manteniendo las condiciones requeridas para su ingreso al sistema de exportación.
El proyecto también representa un cambio en la geografía energética argentina. Durante décadas, la infraestructura gasífera estuvo diseñada fundamentalmente para llevar producción desde las cuencas hacia los grandes centros de consumo. El San Matías Pipeline responde a una lógica diferente: construir capacidad de transporte específicamente orientada hacia un mercado externo.
La ficha técnica del ducto
- Diámetro nominal: 36 pulgadas (914,4 mm).
- Material: acero al carbono.
- Extensión: aproximadamente 471 kilómetros.
- Capacidad prevista: alrededor de 27 millones de m³ diarios.
- Capacidad nominal indicada en el EIA: 28 millones de m³ diarios.
- Presión máxima admisible de operación: 98 kg/cm²g.
- Protección: recubrimiento tricapa y protección catódica.
- Provisión de tubos: Welspun.
- Procedencia del primer cargamento: India.
- Primer embarque descargado: 3.487 caños.
El puerto también se transforma para acompañar a Vaca Muerta
La llegada del VIGOR OL expuso otra parte de la transformación que requiere el proyecto: la infraestructura portuaria. San Antonio Este debió adecuar su capacidad operativa para recibir embarcaciones de mayor porte y convertirse en una pieza de la cadena logística asociada a las nuevas inversiones energéticas de Río Negro.
El buque que transportó los caños tiene aproximadamente 183 metros de eslora y 31 metros de manga, y fue el primero en utilizar las nuevas condiciones operativas del Sitio 1 del Muelle de Ultramar. La autorización permite recibir embarcaciones de hasta 200 metros de eslora y 50.000 toneladas de desplazamiento, ampliando las posibilidades de utilización de la terminal.
Una vez descargados, los tubos son trasladados a un área acondicionada dentro de la zona portuaria para su almacenamiento y posterior traslado hacia los distintos frentes de obra. El esquema muestra cómo el desarrollo de Vaca Muerta comienza a extenderse mucho más allá de los límites de los yacimientos: requiere rutas, puertos, ductos, plantas compresoras, servicios especializados y una cadena logística capaz de mover grandes volúmenes de equipamiento.
La operación tampoco termina con este buque. El VIGOR OL forma parte de una secuencia de once embarcaciones prevista para abastecer esta etapa del proyecto. El ingreso progresivo de los tubos permitirá acumular material suficiente para acompañar el avance del tendido del gasoducto, en una obra que deberá ejecutarse sobre cientos de kilómetros de territorio neuquino y rionegrino.
Lo que empieza a verse en la costa rionegrina
3.487: caños descargados en el primer embarque.
36 pulgadas: diámetro nominal del gasoducto.
471 km: extensión aproximada del ducto.
27 millones de m³/día: capacidad inicial prevista.
US$1.300 millones: inversión total estimada del proyecto.
11 buques: embarques previstos para completar el abastecimiento de tubos.
El próximo desafío: convertir el acero en capacidad exportadora
La llegada de los primeros caños cambia el estado del proyecto. Hasta ahora, el San Matías Pipeline podía observarse principalmente desde los anuncios de inversión, las licitaciones y los permisos regulatorios. Con el VIGOR OL, una parte concreta de esos compromisos comenzó a ocupar espacio físico en Río Negro. Miles de metros de acero ya están en territorio argentino y deberán convertirse progresivamente en una línea continua de transporte.
El desafío será ahora sostener el ritmo entre la llegada de los materiales, el acopio, la construcción y la puesta en servicio del sistema. El gasoducto será una pieza determinante para que la producción incremental de Vaca Muerta pueda encontrar una salida hacia la costa atlántica y, desde allí, integrarse con una infraestructura de GNL orientada a mercados internacionales.
La importancia del San Matías Pipeline excede por eso a la propia obra. Si el sistema alcanza los volúmenes previstos, Argentina sumará una nueva ruta estructural para monetizar sus recursos de gas natural. El verdadero cambio no estará solamente en los 36 pulgadas de diámetro de cada caño, sino en lo que circulará por ellos: gas producido en Vaca Muerta con destino a una cadena exportadora de GNL que busca transformar a la energía en una fuente permanente de divisas para el país.
Proyección
El San Matías Pipeline será una de las obras que determinarán hasta dónde puede crecer la capacidad argentina de exportar GNL desde Vaca Muerta. Con los primeros tubos ya desembarcados y una cadena logística de once embarques en marcha, la infraestructura comienza a pasar del plano de los proyectos al terreno de la construcción. El próximo capítulo será convertir esos kilómetros de acero en una nueva arteria energética entre la Cuenca Neuquina y el Atlántico.






