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El gobierno de Javier Milei prepara un decreto para vender el 49% de Nucleoeléctrica Argentina S.A., la operadora de Atucha I, Atucha II y Embalse. La medida combina urgencias fiscales, intereses geopolíticos y desafíos de soberanía tecnológica, y genera resistencias en la industria y el sector sindical.
Privatización parcial: cifras y alcance
El 49% del paquete accionario de NA-SA se pondrá en venta: 44% en licitación nacional e internacional y 5% para los trabajadores a través del Programa de Propiedad Participada. El Estado conservará el 51% y el control estratégico, aunque la señal política apunta a abrir la puerta a capitales privados y extranjeros.
NA-SA es una empresa superavitaria: en el primer trimestre de 2025 declaró ganancias por $17.234 millones y posee 1.763 MW de potencia instalada, aportando el 7,35% del total energético nacional. Además, mantiene 3.100 empleos altamente calificados y es clave para proyectos estratégicos como la extensión de vida de Atucha I, con una inversión estimada en USD 700 millones.
Resistencias sindicales y profesionales
La Asociación de Profesionales de la CNEA publicó un comunicado crítico: “NA-SA es una empresa del pueblo argentino, superavitaria y estratégica. La tecnología nuclear no es un privilegio: es una política de Estado que impulsa la industria y mejora la calidad de vida”.
Históricamente, la privatización nuclear no prosperó. En los años 90, la iniciativa de Carlos Menem fracasó por resistencia sindical y falta de interés inversor. Hoy, con Milei en la Casa Rosada y acuerdos internacionales firmados, el Gobierno espera que la historia sea distinta.
Reidel y el Plan Nuclear Argentino
Demián Reidel, presidente de NA-SA y cercano a Karina Milei, realizó una limpieza en la cúpula directiva, removiendo gerentes de Compras, Jurídico, Obras y Sistemas, anticipando la llegada de capital privado.
El Plan Nuclear Argentino se estructura en tres fases:
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Desarrollo de un reactor modular SRM de 300 MW con diseño nacional, con cuatro unidades previstas en Atucha 3. Participan Invap, Nucleoeléctrica, CNEA y socios públicos y privados.
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Modelo “Gillette”: exportar uranio ligado a la venta de estos reactores.
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Atraer inversiones y data centers que demanden energía estable y segura.
Uranio: recurso estratégico y carta geopolítica
Argentina cuenta con 34.000 toneladas de reservas de uranio, frente a un consumo anual interno de apenas 220 toneladas. La privatización se produce en paralelo a un acuerdo con Estados Unidos para exportar el excedente, consolidando alianzas estratégicas y posicionando a la energía nuclear como herramienta geopolítica.
Sin embargo, este giro podría congelar proyectos emblemáticos como CAREM o las futuras centrales nucleares IV y V, pilares de la política de autosuficiencia tecnológica del país.
Un “menemismo nuclear” en pleno siglo XXI
La apertura de capital de NA-SA busca atraer dólares, inversiones y legitimidad internacional, pero tensiona un modelo sostenido sobre soberanía tecnológica, ciencia aplicada y energía como política de Estado.
El decreto en preparación representa el capítulo más ambicioso y riesgoso del programa económico de Milei: una privatización parcial que combina política interna, economía y geopolítica nuclear.
La disyuntiva abierta: inversión o vaciamiento
La pregunta que queda sobre la mesa es clara: ¿será esta privatización parcial un trampolín hacia modernización e inversión, o el primer paso de un vaciamiento estructural con costos en soberanía, ciencia y empleo calificado?






