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Atucha III quedó definitivamente afuera y el Gobierno abre el terreno nuclear a una inversión privada de US$1.203 millones

Atucha III quedó definitivamente afuera y el Gobierno abre el terreno nuclear a una inversión privada de US$1.203 millones

Nucleoeléctrica Argentina dejó oficialmente sin efecto los proyectos Candu y Hualong que daban forma a Atucha III, la cuarta central nuclear argentina. La decisión cerró el esquema que contemplaba tecnología y financiamiento mayoritario de China, pero al mismo tiempo abrió una nueva etapa: parte del predio reservado para la central podría ser destinado a un reactor financiado íntegramente por capital privado, con una inversión estimada en US$1.203 millones.

Atucha III ya no será construida bajo el proyecto que durante los últimos años había sido asociado con tecnología y financiamiento chino. Nucleoeléctrica Argentina Sociedad Anónima (NA-SA) resolvió dejar oficialmente sin efecto los proyectos Candu y Hualong que habían sido encomendados a la empresa en 2021, cerrando así el capítulo de la cuarta central nuclear argentina tal como había sido concebida originalmente.

La decisión quedó formalizada en una asamblea de accionistas de Nucleoeléctrica realizada el 23 de septiembre y fue comunicada públicamente en los primeros días de octubre. La resolución se fundamentó en la “falta de asignación de recursos económicos e imposibilidad material de cumplimiento”, en el marco de la emergencia pública establecida por la Ley 27.742.

La cancelación representa un cambio importante para la política energética argentina. El proyecto que iba a ampliar la capacidad de generación nuclear del país queda descartado en su formato original, pero el predio de Atucha no pierde su valor estratégico. Por el contrario, Nucleoeléctrica habilitó un nuevo proceso para evaluar la instalación de un reactor financiado por capital privado.

El cambio de modelo es significativo. La Argentina pasa de un proyecto asociado a financiamiento estatal y extranjero a una alternativa que busca atraer inversión privada para incorporar nueva capacidad nuclear. El desafío será determinar si ese esquema consigue transformar el terreno disponible y las capacidades existentes en una nueva central que pueda incorporarse efectivamente al sistema eléctrico nacional.

El proyecto chino quedó formalmente terminado

Atucha III había sido concebida como la cuarta central nuclear de la Argentina y estaba vinculada a dos alternativas tecnológicas: el reactor Candu y el modelo Hualong. En junio de 2021, la asamblea de accionistas había encomendado a Nucleoeléctrica avanzar con ambos proyectos, dentro de una estrategia que incluía la participación tecnológica y financiera de China.

El esquema finalmente no llegó a transformarse en una obra de construcción. El proyecto atravesó sucesivas demoras, cambios de condiciones económicas y dificultades para definir el financiamiento, hasta desembocar en la decisión de dejar sin efecto formalmente las iniciativas.

La resolución adoptada por Nucleoeléctrica no representa simplemente una postergación. Los accionistas resolvieron “dejar sin efecto los proyectos Candu y Hualong”, por lo que el diseño anterior de Atucha III queda definitivamente cerrado.

Esto modifica también la hoja de ruta de la industria nuclear argentina. Durante décadas, el país desarrolló una política de incorporación de grandes centrales mediante acuerdos estatales, financiamiento soberano y transferencia tecnológica. La nueva etapa plantea una alternativa diferente, basada en la participación privada y en modelos de inversión que reduzcan o eliminen la necesidad de fondos públicos.

La decisión también se produce en un momento en que la energía nuclear recupera relevancia a escala mundial. La electrificación industrial, el crecimiento de los centros de datos, la inteligencia artificial y la necesidad de disponer de generación firme durante todo el día están aumentando el interés por las centrales nucleares y los reactores modulares.

Argentina cuenta en ese terreno con una ventaja acumulada durante décadas: dispone de conocimiento científico, tecnológico e industrial, infraestructura nuclear, capacidad de operación y una cadena de proveedores especializada. El desafío consiste ahora en transformar ese capital tecnológico en nuevos proyectos de inversión.

La decisión formal de Nucleoeléctrica dejó sin efecto los proyectos Candu y Hualong debido a la “falta de asignación de recursos económicos e imposibilidad material de cumplimiento”.

El terreno de Atucha tendrá una nueva oportunidad

La cancelación del proyecto original no implica abandonar la posibilidad de ampliar la generación nuclear. En la misma asamblea en la que se dio de baja Atucha III, Nucleoeléctrica aprobó una declaración de “interés empresarial” y autorizó al directorio a avanzar en la elaboración de los pliegos para una iniciativa privada.

La propuesta contempla utilizar 12 hectáreas del terreno originalmente reservado para Atucha III. Allí podría instalarse un reactor con una inversión estimada en US$1.203 millones y sin fondos ni avales públicos.

El esquema plantea además otorgar un derecho real de superficie sobre parte del predio, mientras que Nucleoeléctrica podría conservar un papel en la operación y mantenimiento de la futura instalación.

La cifra de inversión y las características preliminares del proyecto coinciden con la iniciativa vinculada al reactor modular ACR-300 de Meitner Energy. La propuesta introduce un concepto diferente al de las grandes centrales nucleares tradicionales: instalaciones de menor escala, con potencial para ser desarrolladas bajo esquemas de financiamiento privado.

El cambio tiene una consecuencia industrial importante. El Estado no necesariamente abandona su participación en la actividad nuclear, pero deja de ser el único actor obligado a financiar la expansión de la capacidad de generación. La posibilidad de atraer capital privado abre una discusión sobre cómo financiar las próximas décadas de desarrollo nuclear argentino.

Las claves del nuevo escenario nuclear

  • Atucha III: el proyecto original fue dado de baja oficialmente.
  • Decisión: Nucleoeléctrica dejó sin efecto los proyectos Candu y Hualong.
  • Motivo formal: falta de recursos económicos e imposibilidad material de cumplimiento.
  • Predio: se reservaron 12 hectáreas para evaluar una nueva iniciativa.
  • Nueva inversión: aproximadamente US$1.203 millones.
  • Financiamiento: capital privado, sin fondos ni avales públicos.
  • Tecnología en evaluación: reactor modular ACR-300.
  • Nucleoeléctrica: podría participar en la operación y mantenimiento.
  • Objetivo: mantener el predio de Atucha dentro de la expansión futura de la generación nuclear.

Argentina cambia el modelo para sumar generación nuclear

La decisión sobre Atucha III debe ser analizada dentro de una transformación más amplia del sector energético argentino. El país necesita aumentar su oferta de electricidad para acompañar el crecimiento de la producción industrial, la minería, los hidrocarburos, los servicios tecnológicos y los nuevos consumos asociados a la digitalización.

La generación nuclear tiene una característica que la diferencia de buena parte de las nuevas inversiones energéticas: permite entregar electricidad de manera continua y con altos factores de disponibilidad. Esa condición adquiere mayor valor en un sistema donde la demanda comienza a crecer y donde la generación renovable requiere respaldo y capacidad de almacenamiento o generación firme.

Argentina ya cuenta con tres centrales nucleares en operación: Atucha I, Atucha II y Embalse. La Autoridad Regulatoria Nuclear renovó durante 2026 la licencia de operación de Atucha II por otros diez años, hasta mayo de 2036, luego de las evaluaciones e inspecciones correspondientes.

La extensión de vida de las centrales existentes permite sostener capacidad instalada mientras se diseñan nuevos proyectos. Sin embargo, a largo plazo será necesario incorporar nueva generación si la demanda eléctrica continúa aumentando.

En ese contexto, los reactores modulares aparecen como una de las alternativas que buscan reducir los tiempos y los requerimientos financieros asociados con las centrales tradicionales. El desarrollo de un proyecto privado en el predio de Atucha podría convertirse en una primera experiencia para evaluar si ese modelo resulta viable comercialmente en Argentina.

El desafío será atraer capital para una industria de largo plazo

La principal incógnita ya no es tecnológica. Argentina tiene experiencia en generación nuclear y dispone de capacidades desarrolladas durante décadas. El desafío pasa por conseguir que el capital privado encuentre condiciones suficientes para financiar proyectos cuyo retorno requiere inversiones iniciales elevadas y períodos prolongados de operación.

La nueva iniciativa pretende justamente modificar esa ecuación. Al no requerir fondos ni avales públicos, el proyecto deberá demostrar por sí mismo su viabilidad financiera. Para los inversores, eso implica evaluar el costo de construcción, el precio futuro de la electricidad, los contratos de abastecimiento, el régimen regulatorio y las condiciones para recuperar el capital invertido.

El modelo podría generar además un efecto demostración. Si un primer reactor modular consigue avanzar con financiamiento privado, podría abrir la puerta a nuevos proyectos nucleares en otras regiones del país. La demanda futura de electricidad asociada a minería, hidrógeno, industria pesada, centros de datos y electrificación podría ampliar el mercado potencial.

La infraestructura de Atucha ofrece una ventaja adicional. La zona ya está integrada al sistema eléctrico y cuenta con décadas de experiencia asociadas a la operación de centrales nucleares. Esa infraestructura y ese conocimiento reducen algunas de las barreras que enfrentaría un proyecto completamente nuevo en otra localización.

Al mismo tiempo, cualquier nueva instalación deberá atravesar los procesos regulatorios correspondientes. La seguridad nuclear continuará siendo una condición central y la Autoridad Regulatoria Nuclear tendrá que evaluar y autorizar las distintas etapas del proyecto antes de que una futura central pueda entrar en operación.

La energía nuclear argentina busca una nueva etapa después de Atucha III

La baja definitiva de Atucha III cierra un proyecto que durante años estuvo asociado con la cooperación nuclear entre Argentina y China, pero no elimina la necesidad de ampliar la capacidad de generación nuclear del país. Por el contrario, el cambio de modelo abre una nueva discusión sobre quién financiará las próximas centrales y bajo qué condiciones.

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La Argentina conserva activos estratégicos que no desaparecen con la cancelación de una obra. El conocimiento acumulado por Nucleoeléctrica, las capacidades de la Comisión Nacional de Energía Atómica, la industria tecnológica vinculada al sector y la experiencia de operación de tres centrales constituyen una plataforma sobre la cual pueden desarrollarse nuevos proyectos.

La nueva iniciativa privada de aproximadamente US$1.203 millones será, por lo tanto, una prueba concreta. Si consigue avanzar desde la declaración de interés empresarial hacia una licitación, un contrato y finalmente una obra, Argentina habrá encontrado una alternativa diferente para ampliar su parque nuclear.

Ficha Resumen

Proyecto cancelado: Atucha III

Empresa: Nucleoeléctrica Argentina

Tecnologías originalmente previstas: Candu y Hualong

Financiamiento original: mayoritariamente asociado a China

Nueva iniciativa: reactor con financiamiento privado

Superficie: 12 hectáreas del predio destinado a Atucha III

Inversión estimada: US$1.203 millones

Modelo: sin fondos ni avales públicos

Reactor en evaluación: ACR-300

El predio de Atucha se convierte en una nueva apuesta energética

La historia de Atucha III terminó formalmente, pero el terreno donde estaba prevista la cuarta central nuclear podría convertirse en el escenario de un modelo energético diferente. La Argentina abandona el proyecto Candu-Hualong y abre la puerta a una iniciativa privada de menor escala, con una inversión estimada en US$1.203 millones y sin financiamiento público directo.

El resultado dependerá de la capacidad de Nucleoeléctrica para estructurar la licitación y de la respuesta que encuentre entre los inversores. También será determinante la evaluación económica del proyecto y su compatibilidad con las necesidades futuras del sistema eléctrico argentino.

Para la industria nuclear nacional, el desafío es doble: preservar las capacidades construidas durante décadas y encontrar nuevas formas de financiar su expansión. La cancelación de Atucha III marca el final de un modelo; el proyecto privado que ahora comienza a tomar forma podría ser el primer paso hacia otro.

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