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GM se electrificó de pérdidas: la política anti-VE de Trump le cuesta 1.600 millones de dólares

GM se electrificó de pérdidas: la política anti-VE de Trump le cuesta 1.600 millones de dólares

El giro de Donald Trump contra los autos eléctricos impacta de lleno en General Motors, que reportó pérdidas millonarias por el freno a incentivos fiscales y la revisión de contratos vinculados al sector. La decisión reconfigura el mapa industrial de la movilidad eléctrica en EE.UU.


El costo de una marcha atrás energética

General Motors (GM) advirtió que asumirá pérdidas por 1.600 millones de dólares en el tercer trimestre de 2025, tras el cambio de política del gobierno de Donald Trump hacia los vehículos eléctricos (VE).
Según el documento presentado ante la Comisión del Mercado de Valores (SEC), unos 1.200 millones corresponden a ajustes en la capacidad de producción y 400 millones a la cancelación de contratos y proyectos vinculados a la transición energética.

La automotriz señaló que los cambios regulatorios “podrían seguir generando nuevos cargos, tanto monetarios como no monetarios”, que afecten los resultados operativos futuros. GM publicará oficialmente sus balances el 21 de octubre.


Trump y el frenazo al futuro eléctrico

Desde su retorno a la Casa Blanca en enero de 2025, Donald Trump desmontó parte del andamiaje de estímulos verdes impulsado por la gestión anterior.
El nuevo marco elimina los incentivos fiscales para la compra de autos eléctricos, reduce las exigencias de emisiones para las flotas y prioriza la producción de motores a combustión bajo el lema de “defensa de la industria automotriz tradicional estadounidense”.

Estas medidas golpearon a empresas que habían invertido miles de millones en reestructurar sus plantas, como GM, Ford y Tesla.
El ritmo de adopción de vehículos eléctricos cayó más del 20% en el primer semestre, según datos de la Alliance for Automotive Innovation.


De la “revolución EV” al repliegue industrial

GM había apostado fuerte: anunció en 2023 que produciría solo vehículos eléctricos a partir de 2035, con inversiones de 35.000 millones de dólares en baterías y nuevas líneas de ensamblaje.
Pero la marcha atrás del Gobierno la obligó a revaluar su capacidad instalada, suspender alianzas con proveedores de celdas de litio y frenar la expansión de su red Ultium.

“Estamos adaptando nuestras operaciones al entorno actual y priorizando la rentabilidad a corto plazo”, explicó la compañía en su presentación ante la SEC.
En términos prácticos, esto significa congelar proyectos y revisar contratos en al menos cuatro plantas de ensamblaje y dos fábricas de baterías.

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La paradoja: menos incentivos, más dependencia

Analistas del sector automotor advierten que la estrategia podría fortalecer a competidores extranjeros.
“Mientras China avanza con políticas agresivas de subsidios y Europa refuerza su Pacto Verde, Estados Unidos está retrocediendo en innovación tecnológica”, señaló Mark Reuss, exejecutivo de GM.
A largo plazo, la desinversión en vehículos eléctricos podría debilitar la competitividad industrial estadounidense, aumentando la dependencia de importaciones asiáticas.


¿El fin del sueño eléctrico o una pausa estratégica?

Aunque GM enfrenta el golpe financiero más visible, toda la cadena automotriz norteamericana entra en modo de espera. Los proveedores de baterías, chips y componentes electrónicos ven un horizonte de incertidumbre.
Sin embargo, especialistas prevén que la transición energética no se detendrá del todo: los estados de California, Nueva York y Massachusetts mantienen sus propios programas de movilidad eléctrica y estándares de emisiones.

La pregunta que flota en la industria es si la “guerra política contra los eléctricos” de Trump marcará un retroceso estructural o si, simplemente, será una pausa coyuntural en un cambio que ya no tiene retorno.

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