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Japón puso en marcha la primera prueba del mundo para extraer tierras raras desde lodos del fondo marino, en un movimiento estratégico para reducir su dependencia de China.
El ensayo se desarrolla en aguas profundas del Pacífico y combina geopolítica, seguridad de suministro y minería no convencional.
Minería a seis kilómetros de profundidad: un hito tecnológico y estratégico
Japón inició formalmente la primera prueba global de extracción de elementos de tierras raras desde lodos del fondo oceánico, una iniciativa que busca modificar el mapa mundial del abastecimiento de minerales críticos. El proyecto se desarrolla en aguas cercanas a la remota isla Minamitori y está respaldado por el Estado japonés como parte de una política activa de seguridad de recursos.
El buque de perforación de aguas profundas Chikyu zarpó hacia la zona para realizar perforaciones a unos 6.000 metros de profundidad, con el objetivo de evaluar la viabilidad técnica de extraer lodos ricos en tierras raras directamente desde el lecho marino hasta la superficie. De confirmarse su factibilidad, sería el primer intento sostenido a nivel mundial de este tipo de minería submarina.
La iniciativa se inscribe en un contexto de creciente tensión comercial y geopolítica con China, principal proveedor global de tierras raras. Japón depende aún en un 60% de las importaciones chinas para estos minerales clave, utilizados en baterías, electrónica avanzada, defensa y tecnologías de transición energética.
Perforación a 6.000 metros – primera prueba mundial
Presión geopolítica y seguridad de suministro
El relanzamiento de una estrategia nacional sobre tierras raras se aceleró tras nuevas restricciones impuestas por Pekín a la exportación de materiales considerados de “doble uso”. Según informes recientes, China habría comenzado a limitar envíos de ciertos minerales estratégicos hacia Japón, en una escalada que recuerda al antecedente de 2010, cuando un conflicto marítimo derivó en un bloqueo temporal de exportaciones.
Desde entonces, Tokio buscó diversificar proveedores e invertir en proyectos externos, reduciendo su dependencia desde niveles cercanos al 90%. Entre esas iniciativas se destacó la alianza de la casa comercial Sojitz con la australiana Lynas Rare Earths, además del impulso a procesos de reciclaje y a tecnologías que reducen el uso de tierras raras en manufactura.
Sin embargo, el proyecto de Minamitori representa un cambio de enfoque: por primera vez, Japón intenta desarrollar una fuente doméstica de tierras raras, aunque sea en un entorno extremo y con desafíos técnicos sin precedentes.
“La solución estructural es producir tierras raras dentro de Japón”, sostuvo Takahide Kiuchi, economista del Instituto de Investigación Nomura, quien advirtió que un endurecimiento sostenido de los controles chinos obligaría a las empresas japonesas a acelerar su desvinculación, aunque con costos elevados.
DEPENDENCIA JAPÓN – CHINA
- Dependencia actual: 60% de tierras raras importadas de China
- Reducción histórica: De 90% a 60% en última década
- Proyecto clave: Minamitori – fuente doméstica
- Inversión estatal: ¥40.000 millones desde 2018
- Próxima etapa: Demostración escala febrero 2027
Costos, plazos y desafíos industriales
El programa, financiado por el gobierno japonés, demandó inversiones cercanas a los ¥40.000 millones (unos 256 millones de dólares) desde 2018, según datos oficiales. Aún no se informaron estimaciones de reservas ni objetivos de producción comercial.
Si la prueba técnica resulta exitosa, el plan oficial contempla una demostración a mayor escala para febrero de 2027, con el objetivo de recuperar diariamente volúmenes similares de lodo del lecho marino. Dado que el material no puede procesarse en alta mar, sería trasladado a Minamitorishima, donde se eliminaría el agua mediante sistemas industriales de centrifugado, reduciendo el volumen en aproximadamente un 80%. Luego, el concentrado sería enviado a Japón continental para su separación y refinación.
El proyecto también expone tensiones en el plano de la seguridad marítima. Autoridades japonesas denunciaron que buques de la armada china ingresaron en junio pasado a aguas cercanas a la zona de exploración, dentro de la zona económica exclusiva japonesa, mientras se realizaban estudios geológicos. Desde Tokio calificaron el episodio como “intimidante” y revelador del valor estratégico del área.
Buques chinos en zona económica exclusiva japonesa
Minería no convencional y el nuevo tablero global
La prueba japonesa marca un punto de inflexión para la minería de tierras raras y abre un debate global sobre la explotación de recursos en aguas profundas, un terreno aún poco regulado y con fuertes cuestionamientos ambientales. Al mismo tiempo, refleja cómo la competencia por minerales críticos empieza a trasladarse a escenarios cada vez más extremos.
Para Japón, el ensayo no solo apunta a reducir vulnerabilidades frente a China, sino a posicionarse como actor tecnológico en una nueva frontera minera. Para el resto del mundo, el mensaje es claro: la transición energética y la disputa geopolítica ya no se juegan solo en tierra firme, sino también en las profundidades del océano.






