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El tablero geopolítico vuelve a crujir. Donald Trump y Volodimir Zelensky llegan a la Casa Blanca con visiones diametralmente opuestas sobre cómo frenar la guerra en Ucrania.
Mientras el presidente estadounidense insinúa avalar la cesión de territorios al Kremlin, Kiev y Europa insisten en que aceptar el avance ruso sería legitimar la conquista por la fuerza.
La propuesta de Putin: paz a cambio de territorio
En la reciente cumbre de Alaska, Vladimir Putin le puso sobre la mesa a Trump un plan directo: anexar oficialmente Donetsk y Luhansk, congelar la línea de combate en Kherson y Zaporizhzhia, y firmar un armisticio “definitivo”. El líder ruso no esconde su lógica imperial: “Tierra que pisa un soldado ruso, es de Rusia”, sentenció en junio, recordando la anexión de Crimea en 2014 como antecedente de su actual ofensiva.

Trump sorprende: “Mejor un acuerdo de paz que un alto el fuego”
Tras tres horas de reunión en la base Elmendorf-Richardson, el presidente republicano salió exultante: “Se acordaron muchos puntos, y solo quedan unos pocos”. Su mensaje fue claro: prefiere un acuerdo de paz integral sin necesidad de un cese de fuego previo, lo que en la práctica le da oxígeno a la ofensiva rusa. En su red social, Trump afirmó: “La mejor manera de poner fin a la terrible guerra entre Rusia y Ucrania es llegar directamente a un Acuerdo de Paz, y no a un simple Acuerdo de Alto el Fuego”.

Zelensky y Europa: firme rechazo a entregar soberanía
Kiev, en cambio, mantiene una línea inamovible: ninguna región puede cederse a Moscú. Zelensky llega a Washington acompañado por Emmanuel Macron, Friedrich Merz, Ursula von der Leyen y Mark Rutte, en un gesto de apoyo europeo que busca equilibrar la influencia de Trump.

Tras la cumbre en Alaska, líderes europeos como Giorgia Meloni y Keir Starmer ya habían transmitido su malestar, subrayando que un armisticio con cesiones sería “premiar la agresión rusa”.
La reunión clave en la Casa Blanca
La foto del Salón Oval podría marcar un antes y un después. Trump buscará mostrar avances diplomáticos que respalden su estilo negociador, mientras Zelensky intentará impedir que Washington se incline hacia la estrategia de Putin.

Para Kiev, aceptar la propuesta sería un suicidio político y militar: implicaría no solo perder territorio, sino también renunciar a la posibilidad de integrarse a la OTAN y depender de garantías rusas de dudosa credibilidad.
Más allá del armisticio: la pulseada estratégica
El dilema no es menor. Si Trump logra imponer su visión, Rusia consolidará un mapa territorial que fortalecerá su posición en Eurasia y debilitará a la OTAN. Si Zelensky resiste con el respaldo europeo, la guerra continuará, pero también lo hará la defensa del principio central del orden internacional: que las fronteras no se cambian a cañonazos. La reunión en Washington no definirá todo, pero sí revelará cuánto está dispuesto Occidente a ceder para ponerle fin a la guerra más peligrosa del siglo XXI.






