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Nafta por las nubes: el impuesto que Milei reactivó, las rutas que no se arreglan y un mercado cada vez más opaco

Nafta por las nubes: el impuesto que Milei reactivó, las rutas que no se arreglan y un mercado cada vez más opaco

El precio de la nafta superó los $2.000 por litro aun cuando el crudo internacional sigue cayendo. La actualización del impuesto a los combustibles —postergada durante meses para contener la inflación— terminó empujando una suba que revela una paradoja incómoda: se cobra para reparar rutas y subsidiar transporte, pero lo recaudado no vuelve ni a las provincias ni a la infraestructura. El mercado se dolariza, las empresas alegan retraso y el consumidor paga la factura.
Nafta de país rico, rutas de país pobre y reglas de mercado cada vez más borrosas.

Un impuesto que sube, un servicio que no aparece: la paradoja del combustible argentino

El Impuesto a los Combustibles Líquidos (ICL), atado por ley al Índice de Precios al Consumidor, debía actualizarse de manera trimestral. Sin embargo, durante meses permaneció congelado por decisión del ministro Luis “Toto” Caputo, que evitó su traslado a precios en plena batalla contra la inflación. Cuando finalmente se descongeló, la suba llegó de golpe y empujó el litro de nafta súper por encima de los $2.000, equivalente a unos USD 1,36.

La paradoja es evidente: el ICL fue diseñado para financiar rutas, obras viales y parte de los subsidios al transporte. Pero la gestión libertaria avanzó en el vaciamiento de Vialidad Nacional, no realiza mantenimiento sistemático desde hace dos años y paralizó la asistencia a las provincias fuera del AMBA.

El gobernador de Santa Fe, Maximiliano Pullaro, lo sintetizó con crudeza: “Nos cortaron los fondos del transporte y dejaron las rutas detonadas”. Provincias productivas como Santa Fe, Córdoba y Entre Ríos señalan que pagan un impuesto cuyo destino formal ya no se cumple en la práctica.

🔑 La paradoja del ICL en tres líneas

  • • Se actualiza para financiar rutas y transporte.
  • • Las rutas se deterioran y los subsidios se recortan.
  • • El impuesto se cobra igual y se traslada completo al surtidor.

Un mercado opaco: sin obligación de informar aumentos y sin regulador activo

La desregulación impulsada por Federico Sturzenegger eliminó la obligación de que las petroleras informen al Estado los incrementos antes de aplicarlos. El resultado es un mercado donde el consumidor se entera del nuevo precio recién cuando está frente al surtidor, sin previsión, sin horizonte de referencia y sin herramientas para anticipar el impacto en su economía.

La medida se justificó como parte de una “liberalización” que debía atraer inversiones y mejorar la competencia. En los hechos, consolidó un escenario de asimetría total de información: las empresas planifican, el Estado regula cada vez menos y el usuario paga a ciegas. El mercado dejó de tener un árbitro claro; tiene, en cambio, un conjunto de jugadores con libertad casi absoluta.

Todo esto ocurre, además, en un contexto donde el discurso oficial prometía “nivelar precios con el mercado internacional”. Pero la curva se dio vuelta: mientras el crudo cae, la nafta en Argentina sube.

Caída global, suba local: el desfasaje que desnuda el costo argentino

De acuerdo con el economista Marco Kofman (Agencia Mate), desde fines de 2023 Argentina adoptó un esquema de comercialización alineado al precio internacional del crudo. El problema no fue la teoría, sino el momento: el barril venía bajando más de 28%, pero la nafta en los surtidores aumentó alrededor de 9% en dólares.

“Mientras el precio internacional cayó 28%, el precio interno aumentó 9%. La nivelación absorbió la baja y el consumidor no vio el beneficio”, detalló Kofman. El litro argentino quedó al nivel de Europa —un continente importador neto— y casi un 70% más caro que en Estados Unidos, donde la nafta promedia alrededor de USD 0,80.

El viejo “sueño noventista” de paridad de exportación, donde el mercado interno paga lo mismo que el exportador recibe afuera, regresó con fuerza. El problema es que el consumidor argentino paga por partida doble: financia impuestos para infraestructura que no se realiza y paga precios internacionales en un país que produce petróleo y mejora su eficiencia operativa.

ARGENTINA

USD 1,36

Nafta al nivel de Europa, con rutas deterioradas y recortes al transporte.

ESTADOS UNIDOS

≈ USD 0,80

País desarrollado, mayor poder adquisitivo y combustible más barato.

Vaca Muerta mejora su eficiencia, pero el ahorro no llega al consumidor

Mientras tanto, Vaca Muerta bate récords de productividad. La aplicación de inteligencia artificial a las perforaciones, la automatización de pozos y nuevas infraestructuras como el oleoducto Vaca Muerta Norte reducen costos por barril y aceleran tiempos operativos. La curva de aprendizaje técnica es clara: se produce más, mejor y más rápido.

“Todo lo que se gana en eficiencia y aprendizaje en Vaca Muerta es ganancia para las empresas; al consumidor no le llega nada”, remarcó Kofman. El esquema 100% dolarizado agrega otra capa de volatilidad: el precio sube cada vez que se mueve el tipo de cambio, pero rara vez baja cuando el dólar se atrasa o el crudo cae. El sistema tiene una lógica unidireccional: hacia arriba.

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Lo que viene: más aumentos y un debate que vuelve al centro

Economistas anticipan que en enero llegará una nueva actualización fuerte del impuesto, lo que podría sumar presión a un mercado ya tensionado. Con rutas deterioradas, provincias sin subsidios y usuarios pagando precios de importación, el debate sobre la transparencia del sistema energético vuelve a quedar en el centro de la escena.

La discusión no es únicamente técnica; es política, económica y territorial. ¿Debe un país productor de petróleo pagar la nafta al precio de importación? ¿Puede sostenerse un esquema impositivo que no garantiza el cumplimiento de sus propios objetivos? ¿Qué implicancias tendrá la privatización de rutas en un contexto donde el usuario ya soporta una carga creciente de impuestos y peajes?

📌 Claves para entender la nueva suba de naftas

  • ICL actualizado tras meses de congelamiento.
  • Destino difuso: se recauda para rutas y transporte, pero no se ejecuta.
  • Crudo baja 28%, nafta sube 9% en dólares.
  • Mercado opaco: ya no se informan los aumentos por adelantado.
  • Eficiencia sin impacto: Vaca Muerta produce mejor, el usuario no lo ve.
  • Otro aumento en puerta: enero traerá una nueva actualización impositiva.

Una mirada estratégica: la tormenta perfecta del combustible argentino

La combinación de impuestos que suben, rutas que no se mantienen, desregulación sin transparencia y empresas con márgenes crecientes configura una tormenta perfecta en el mercado de combustibles. Argentina enfrenta un dilema energético estructural: cómo equilibrar eficiencia, recaudación, competitividad y justicia tarifaria en un país productor de hidrocarburos.

La nafta a $2.000 marca un punto de inflexión. No solo en lo económico, sino también en lo político: obliga a discutir el rol del Estado, de las petroleras y del usuario final. El debate recién empieza y, lejos de ser una disputa técnica entre especialistas, atraviesa la vida cotidiana de millones de trabajadores, transportistas, productores y familias.

“La pregunta ya no es cuánto cuesta llenar el tanque, sino quién se queda con la mayor parte de cada litro que pagamos”.

— Agenda Industrial

¿Qué debería cambiar primero: el esquema impositivo, la regulación del mercado o la transparencia del sistema?

Agenda Industrial

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