Diario de minería, petróleo y campo.
La disputa entre Mercado Libre y Temu dejó de ser un cruce entre plataformas para convertirse en un conflicto estructural.
En medio de un boom de compras al exterior, la batalla judicial desnuda condiciones de competencia desiguales.
Del boom importador al choque frontal
La irrupción de Temu en Argentina no puede analizarse como un fenómeno aislado ni como una simple moda de consumo. Es la consecuencia directa de un cambio profundo en el esquema de importaciones, la digitalización acelerada del consumo y una apertura comercial que avanzó más rápido que la actualización de las reglas regulatorias.
Las cifras lo confirman. Las importaciones vía courier —el canal preferido por plataformas como Temu y Shein— pasaron de USD 239 millones en 2024 a casi USD 900 millones en 2025, un crecimiento superior al 270% interanual. Este salto no solo modificó hábitos de consumo: alteró de manera estructural el mapa competitivo del e-commerce argentino.
En ese contexto, Mercado Libre —líder histórico del comercio electrónico en Argentina y América Latina— pasó de observar el fenómeno a confrontarlo. No solo por pérdida de tráfico o ventas, sino por el impacto sistémico sobre su ecosistema: pymes vendedoras, logística local, empleo formal y recaudación fiscal.
La pelea, entonces, no es solo entre Mercado Libre y Temu. Es entre dos modelos de negocio, dos escalas de competencia y dos concepciones del mercado.
+270%
crecimiento interanual de importaciones courier · USD 900 millones en 2025
La denuncia de Mercado Libre: competencia desleal
l conflicto se formalizó cuando Mercado Libre denunció a Temu ante la Dirección Nacional de Políticas para el Desarrollo del Mercado Interno, bajo la Secretaría de Industria y Comercio del Ministerio de Economía. La acusación central: competencia desleal y publicidad engañosa, en el marco del DNU 274/2019 de Lealtad Comercial.
Según la presentación, Temu utiliza estrategias de marketing agresivas con descuentos extremos —del 80%, 90% o incluso del 100%— cuyos términos reales solo se revelan al final del proceso de compra. A esto se suman mecánicas de gamificación, cupones condicionales, sorteos y promociones que, para Mercado Libre, inducen a error al consumidor y vulneran principios básicos de transparencia comercial.
Pero el núcleo del reclamo no es comunicacional, sino estructural. Mercado Libre sostiene que Temu compite en condiciones profundamente desiguales:
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No tiene infraestructura física en el país.
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No asume costos laborales ni logísticos locales.
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No tributa bajo el mismo esquema impositivo.
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Aprovecha un régimen de importación simplificado que diluye controles y obligaciones.
Desde la compañía argentina advierten que esta asimetría no solo afecta a la plataforma, sino a miles de vendedores locales y pymes industriales que encontraron en el e-commerce un canal clave de supervivencia y crecimiento.
La respuesta de Temu y la escalada judicial hasta la Corte Suprema
Lejos de retroceder, Temu optó por judicializar el conflicto. Tras las actuaciones administrativas, la firma china presentó recursos ante la Justicia Federal solicitando medidas cautelares para frenar eventuales sanciones y garantizar la continuidad de sus campañas comerciales.
El expediente derivó en un conflicto de competencia entre fueros —Civil y Comercial Federal y Contencioso Administrativo— que terminó elevando la causa a la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Un dato poco habitual para una disputa de comercio digital, pero revelador de su magnitud.
La Corte deberá definir quién tiene competencia y, en los hechos, sentar un precedente sobre cómo se regulan las plataformas digitales extranjeras que operan sin presencia física local, pero con impacto económico masivo. El fallo no solo ordenará este caso: puede redefinir el marco de juego del e-commerce argentino.
La pelea no es solo entre plataformas; es entre dos escalas de competencia y dos concepciones del mercado.
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La sombra de Shein y el impacto industrial
Aunque el conflicto visible es con Temu, el telón de fondo incluye a Shein y otras plataformas asiáticas que replican el mismo modelo: volumen, precios ultra bajos y logística global integrada. El impacto ya se siente en sectores sensibles como el textil, el calzado, la electrónica liviana y, cada vez con más fuerza, la industria autopartista.
Empresas industriales advierten que la avalancha de productos importados no solo presiona precios, sino que pone en jaque inversiones, empleo y capacidad productiva. La paradoja es evidente: mientras se impulsa la competitividad, se habilita un esquema que puede desarticular cadenas de valor completas.
En términos industriales, la discusión excede al e-commerce: toca el corazón de la política productiva, la defensa del empleo y la sustentabilidad de la industria nacional frente a jugadores globales con ventajas estructurales difíciles de replicar.
LO QUE HAY QUE SABER
- • Mercado Libre denuncia tácticas engañosas y asimetría impositiva.
- • Temu elevó la disputa a la Corte Suprema tras conflictos de competencia.
- • El auge del courier (USD 900M) altera el mapa del comercio local.
- • El debate central: Regular la eficiencia global frente al desarrollo local.
La encrucijada del comercio digital argentino
La batalla entre Mercado Libre y Temu es un síntoma de algo más profundo. No se trata de frenar la competencia ni de cerrar el mercado, sino de definir qué tipo de apertura quiere Argentina y bajo qué reglas.
Sin regulación moderna, el riesgo es un mercado donde la eficiencia global arrase con el desarrollo local. Con regulaciones rígidas, el peligro es quedar fuera del comercio digital global. El desafío es encontrar un equilibrio que garantice competencia real, transparencia para el consumidor y condiciones equitativas para la industria y el empleo.
Lo que defina la Justicia —y, sobre todo, el Estado— no solo impactará en el e-commerce. Puede marcar un precedente clave para el futuro del comercio, la industria y la soberanía económica en la era digital.






